Llévame hasta mi cama, llévame de tu hombro cuando yo ya esté dormido pero consciente de lo que está pasando. Estoy adentro pero veo y siento lo que pasa afuera. Es tal como yo lo quería: nadie habla, todos lloran, hasta tú… que nunca creíste llorar, y mucho menos por mí. No quería verte así, sabiendo que es la última vez que te veré; sólo quería que algún día te pusieras así por mí. Veo la gente caminar, veo los carros pasar, oigo a los pájaros cantar y oigo tu llanto. Y disfruto. Disfruto al verte así, al verlos a todos así. Me río a carcajadas sin poder evitarlo. Siento que mi corazón brinca, aunque ya no tengo un corazón para sentirlo. Sabía que mis sueños tendrían algún significado, tenía que ser así, no podía ser de otra manera, ya lo entiendo. Hoy no hay sol, está nublado, no hay ruido, no hay eco, todo es silencio. Ya casi llegamos. Es el momento. Ya me voy para siempre. Dime el último adiós. Llora más por mí. Y tápame, cúbreme, ahógame, asegúrate de que no pueda salir, asegúrate de que nunca jamás vuelva a estar contigo. Ahora no me tienes. Acostúmbrate a que ya no estoy, de que la casa estará ahora vacía. Ya no te acompañaré. Extráñame. Siente el vacío, siente cómo te duele. Anhela mi regreso, ruégale a Dios que regrese… pero nunca volveré. Ya no hay nada para mí. Ya no soy, ya no existo.
viernes, 11 de diciembre de 2009
DESPIDETE
Adiós.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario